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 Delegados del PJ viajaron a Brasil a impulsar “Cristina Libre”

Mientras la campaña por la libertad de Cristina Kirchner se desarrolla en tribunales y calles, sectores del PJ encabezaron un viaje a Brasil para promover la causa en el congreso del PT. La jugada expone cómo la política argentina cruza fronteras en busca de apoyo simbólico y refuerza la percepción de un peronismo atrapado en su propia historia, más enfocado en gestos que en respuestas a las urgencias nacionales.

  • 07/02/2026 • 02:00

Delegados del Partido Justicialista (PJ) bonaerense emprendieron un viaje a Brasil para participar del congreso del Partido de los Trabajadores con el objetivo explícito de impulsar la campaña “Cristina Libre” y recabar apoyos internacionales a la causa judicial de Cristina Fernández de Kirchner.
 

La iniciativa fue presentada por sus impulsores como un gesto de solidaridad política y latinoamericanismo progresista. Sin embargo, lejos de ser solo un acto simbólico, el episodio revela cómo el peronismo continúa enfocando importantes recursos políticos en gestos mediáticos para intensificar la narrativa de persecución judicial, en lugar de concentrarse en las urgencias que atraviesan millones de argentinos en sus hogares.
 

La delegación, compuesta por dirigentes y referentes cercanos al kirchnerismo, participó de reuniones y actividades donde el tema principal fue la situación judicial y política de Cristina Kirchner. La consigna “Cristina Libre” recorrió pasillos y discursos, subrayando la intención de convertir una causa penal en un tema de agenda internacional entre fuerzas políticas afines, sin reparar en las implicancias de este tipo de apuestas para la política interna.
 

Críticos de la movida señalan que, mientras gran parte del país enfrenta niveles históricos de inflación, desempleo, crisis en servicios públicos y debates urgentes como el del presupuesto o la reforma laboral, sectores del peronismo siguen concentrando esfuerzos en una gesta simbólica más que en propuestas concretas para resolver problemas reales. El viaje a Brasil, para ellos, se enmarca en una estrategia política tradicional que prioriza la mitología partidaria por sobre las prioridades sociales.
 

Además, la elección de Brasil como escenario para impulsar una campaña interna argentina despierta cuestionamientos sobre el rol de las alianzas políticas regionales en un contexto donde los problemas domésticos —salarios, pobreza, empleo— golpean con mayor fuerza. Más allá del apoyo de fuerzas hermanas en el continente, la percepción de una cúpula peronista cada vez más desconectada de las necesidades populares se refuerza.
 

En términos políticos, el gesto también alimenta la narrativa de un peronismo que continúa siendo reactivo ante el oficialismo de Javier Milei, priorizando símbolos y escenografías por encima de una agenda de políticas públicas que pueda disputarle votos y sentido de representación al Gobierno. La apuesta a la internacionalización de una causa judicial sirve para reforzar identidades partidarias, pero no responde a las demandas salariales, económicas o de bienestar que forman parte de la vida cotidiana de millones de argentinos.
 

Mientras Milei impulsa reformas estructurales y redefine alianzas geopolíticas, el peronismo parece anclado en disputas del pasado y en campañas simbólicas que a menudo terminan generando más polarización que soluciones. En un país con urgencias sociales profundas, la pregunta que queda flotando es si estos gestos transfronterizos suman a la construcción de propuestas de gobierno o si sirven principalmente para reforzar identidades políticas sin impacto real en la vida de las mayorías.

 

 

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